domingo, 18 de abril de 2010

La Gaitana.



La Historia de mi país ha sido machista. Ha ignorado por completo a la mujer. En especial, si además de ser mujer, se es indígena. La historia de mi país ha sido clasista. Sin embargo la tradición oral nunca ha olvidado a una mujer que representó la rabia contenida de un continente invadido por unos extraños, que le impusieron una religión, una disciplina para perros, le expropiaron sus tierras, y a sus habitantes originarios los sometieron dándoles un trato de inferiores.
Los conquistadores españoles demostraron además de una insaciable codicia, una soberbia sin medida.
Se cuenta que el Conquistador Pedro de Añasco llegó en el año de 1538 al Huila, un territorio poblado por varias tribus como los Timanaes, los Yalcones, los Apiramas, etc. Esta región, ubicada a unos cuatrocientos cincuenta kilómetros al sur de Bogotá, de clima cálido, era el territorio de estas y otras tribus que se distinguían por su braveza, por su carácter independiente, por la forma franca de tratar sus asuntos, por su mutuo respeto frente a los integrantes de las otras tribus.
Cuando Añasco llegó a fundar la población de Timaná, impuso una serie de tributos a los indígenas, sometimiento absoluto e incondicional frente a la autoridad española por él representada.
Convocó a los representantes de las diferentes tribus. El Hijo de la Gaitana, Timanco, se negó a acudir a esta citación, por lo que Añasco se molestó, temiendo que su autoridad se minara por esta muestra de desacato. Fue así como se dirigió al lugar en donde se encontraba este joven cacique, y tomándolo prisionero, quiso demostrar su poder absoluto, ordenando que fuera quemado vivo frente a los demás integrantes de la tribu, entre ellos la madre del joven cacique. La Gaitana le imploró a Don Pedro de Añasco que por lo que más quisiera se le perdonase la vida a su hijo, que podría quedarse con toda lo tierra, con todos los bienes de la tribu, pero que por favor no le hiciese daño. No tuvo clemencia este conquistador indolente, presuntuoso y arbitrario. Procedió a ordenar prender la hoguera en donde en medio de tremendos gritos de dolor pereciera el hijo de la Gaitana.
Esta mujer, apretando los dientes, tragándose su inmenso dolor, juró venganza del agresor, del asesino de su hijo.
No tuvo descanso la Gaitana, reuniéndose con los caciques de las otras tribus de la región, obteniendo su adhesión en el propósito de enfrentarse a las fuerzas invasoras de Añasco. Como resultado de esta lenta conspiración, logró reunir por medio de alianzas, un número suficiente de indígenas que le permitió sorprender a las fuerzas de Añasco, dando muerte a la mayoría de los españoles que le acompañaban, pero conservando a Pedro de Añasco con vida, como era el propósito inicial, para que La Gaitana le diera personalmente el castigo que ella se había propuesto.
Tomó la Gaitana a su enemigo, con sus propias manos le sacó los ojos, le hundió por la garganta una cuerda que le atravesó la lengua, sacándola por la boca. De esta forma, arrastrando el cuerpo de Añasco recorrió varios caminos en medio de los indígenas quienes vitoreaban a la Gaitana, y lanzaban insultos y piedras contra lo que quedaba del otrora soberbio conquistador. Cuando Añasco ya estaba agonizante, la Gaitana con la colaboración de otros indígenas procedió a desmembrarlo, y a repartir entre todos las diferentes partes del cuerpo del español. Así murió Añasco. Así pagó su vil osadía de herir lo más profundo del sentimiento de una mujer como es el amor por su propio hijo.
Tarde entendió que en Colombia, las mujeres pueden ser tranquilas, sumisas, calladas, pero que cuando se les hiere, se pueden convertir en la fiera más temible.
La historia dice que la Gaitana continuó enfrentando a los invasores españoles, que sostuvo varios enfrentamientos contra ellos, saliendo triunfante. Se logró conformar una fuerza de cerca de quince mil indígenas unidos contra los invasores. Pero con el tiempo, las fuerzas enviadas por la Corona fueron tendiéndole un cerco que hacía inminente su derrota, por lo que prefirió suicidarse, lanzándose desde un despeñadero.
No iba a concederle una satisfacción de victoria al invasor.

1 comentario:

  1. Emilio que historia tan preciosa. Te cuento que no sabia cual era la historia de La Gaitana, en esos detalles. Que dolor y que rabia tan profunda. Esas son rabias tan femeninas. Y que dignidad .., me disculparás ... tan hijueputa!! Parte del mismo dolor, la misma venganza.

    Gracias por contarnos esta historia!!!

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