lunes, 25 de febrero de 2013

GUASCA Y LA PETITE ALSACE


Guasca  y Alsacia-

Un buen plan para un domingo en la Sabana de Bogotá

 

Alejarse del bullicio de la ciudad, de su aire contaminado, de los trancones, de los muros de ladrillo y cemento, del encierro y aglomeraciones de los centros comerciales. Buscar paisajes, tranquilidad, vegetación, y un buen restaurante….
La Petite Alsacia hay que descubrirla. Tiene un problema: crea adicción. Una vez que se conoce, se regresa una y otra vez.
Salir de Bogotá, por la vía a La Calera, se sigue hacia Guasca. Unos doscientos metros después del cruce hacia Guatavita, se encuentra este lugar, que no ostenta avisos, ni publicidad, salvo un par de banderas.
Desde su ingreso se respira  ambiente campesino. Construcciones rústicas de  madera, un buen número de cabras guardadas en sus corrales. Senderos empedrados. El visitante es recibido por una  hija de los dueños,  ataviada con un colorido delantal ,  quien con una sonrisa  da la bienvenida, ofrece una jarra de  cerveza artesanal, preparada por amigos de la casa, procede a explicar los diferentes platos de la carta.
La música a muy buen volumen,  permite conversar.
El restaurante es pequeño, por lo que se sugiere hacer reservación.
La comida es todo un espectáculo.
Una entrada de champiñones al ajillo, acompañados de tomates a la mozarela.
Una sopa de cebolla, preparada lentamente, permitiendo su caramelización integrándose con el sabor de la tocineta.
Una ensalada de la casa, acompañada de una serie de quesos artesanales
Los platos fuertes, como los de cerdo, acompañados de salsa miel mostaza, repollo morado y de papas rosti, los medallones de  carne Angus servidos en tres salsas, acompañados de pasta , papa o de un humeante arroz. Costillas  ahumadas en salsa agridulce. O el plato especial alsaciano: cerdo, salchicha, chucrut, papa.
De postres entre otros,  torta de naranja con amapola   y de chocolate acompañadas de una deliciosa crema.
El café, muy bien servido, o una aromática, con explosión de colores, rematan la estadía en este pintoresco restaurante.
El  Chef Gilbert  Staffelbach, llega a las mesas e indaga por el resultado de sus platos preocupado por la completa satisfacción del cliente, la cual es premiada con una cuenta razonable. Precios justos. Se debe tener en cuenta que no aceptan dinero plástico.
Completamente satisfechos, nada mejor que un recorrido por la población de Guasca, que permite  conversar con sus habitantes,  siempre amables. Los domingos exponen en unos toldos un surtido de productos  orgánicos, y algunas artesanías.
Durante el regreso mis acompañantes de esta aventura gastronómica, manifiestan su propósito de regresar a La Petite Alsace.

Fotografías de Adriana Chaparro, La Chappys
Manu y Sandra, gracias por su iniciativa.





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